Normopatía e irrupción del deseo

18/08/2020

Normopatía[1] e irrupción del deseo

Paulina E. Varas y Miguel D. Norambuena

julio 2020. Colaboración para la Campaña #LaNormalidadEraElProblema
#ANormalidadeEraOProblema #NormalityWasTheProblem

Una micropolítica de la experiencia: ¿Que nos cuenta un cuerpo, podemos recibirlo?

– Oler, aspirar todo registro de cada una de las partículas que se suspenden sobre alguna superficie que registran algo. Al inicio, sentir con cuidado de no confundir el olor propio depositado en la punta de la nariz hasta llegar al olor de la otra superficie. En el gesto mismo de tomar ese olor, algo de cada uno se mezcla, es inevitable, se trata de dos cuerpos. Oler para reconocer, para vincular. sentir: una manzana, un paseo por la orilla de las rocas, un desliz rozando muy cerca el romero del jardín. Oler el pelo de alguien en una proximidad. Oler nuestro propio surco del filtrum como un recordatorio de la existencia mientras sentimos ausencias.

– Reptamos cada mañana para sentir la temperatura del cuerpo y del suelo. Observar lo menor, lo mínimo inmediato. Un roce productivo. Sentir ese roce en la punta de los dedos del pie, da la pauta para seguir en las horas siguientes. Sentir el suelo y su temperatura como una forma de “devenir tierra”, un gesto de cada día para ir haciendo nuestro propio terruño.

– Respirar con dificultad. Respirar a tropezones, respirar tartamudeando un soplo, respirar profundo por momentos. El cuerpo que apenas siente, porque “cree” que apenas lo hace. El cuerpo-armadura. Respirar por el resquebrajamiento de la armadura como forma de resistencia. Dejar de creer para poder seguir, experimentar . Proposiciones resquebradizas de un mundo por venir.

– Estar en el aquí. Escuchar el sonido de la casa. Esos órganos internos de un cuerpo transversal. Polifonías del existir.  Los sonidos del afuera del cuerpo se mezclan con los internos. Escuchar ese vaivén entre el afuera y el adentro como un lugar, inter-medio. Habitar ese sonido como el eco de una casa, una tierra, un pueblo, un grito.

– Devenir, viajera/o, nómada, vagabunda/o. Devenir clandestina/o, línea de fuga. Escaparse del confinamiento, del destierro por los atajos, por los pliegues y las fisuras. Desalambrar lo molar y estigmatizado.

– La tierra que no está, las ruinas. Desanudar el dolor, sustraerse, deslizarse imperceptiblemente del lado de la vida. Volver del exilio discretamente y jovialmente al terruño, al suelo de la niñez,  para evaluar, para sentir, respirar, escuchar esa lengua, recordar, poder también sonreír con la memoria, mirar esos rostros.

Reanudar con el deseo y su gesta irruptiva. Así la derrota no es mas negada ni denegada. Si no mas bien recogida, aceptada, asumida a fin de poder reinventarse ontológicamente y con ello poder reinventar la política a la altura de los acontecimientos presentes.

– Devenir irreductiblemente disidente de la infamia imperante. Una disidencia alegre tanto de la infamia nano-cotidiana como de la grande. Toda una vida work in progres, volcada al cuidado como a la emancipación mental y social que nos agobia.

Resistir prácticamente a lo ineluctable[2]

Entre tantos colosos que han fechado el pensamiento occidental retengamos arbitrariamente tres nombres. Primero, René Descartes y su famosa formula “pienso, luego existo”. Mas tarde Auguste Kant nos legó otra idea matriz: “la razón es la fuente de todo”. Y más cerca nuestro, Auguste Comte, fundador del positivismo, afirma que “lo que es verdad es verdad solamente si la cosa en cuestión es verificable objetivamente, científicamente”. Señalemos muy brevemente que para estos tres filósofos, el pensamiento prima sobre el cuerpo, y todavía hoy, podemos sentir el peso de este pensamiento normativo que actúa sobre nuestras espaldas. Este peso atraviesa la sociedad y sus instituciones como también a los individuos. De esta manera todo parece funcionar, en todos los casos se trata de una constante del discurso dominante, incluso considerando la gran cantidad de personas abandonas con necesidades materiales, existenciales y espirituales.

Tomemos ahora tres hechos edificantes: primero, el feminicidio, incluyendo la misoginia, los machismos y la homofobia, no solamente persisten socialmente, si no que también están incrustados en nuestras instituciones y esto desde las cúspides del poder. Segundo, los asilos de ancianos, donde las condiciones de vida de algunos de ellos son un ejemplo de la forma en que nos representamos, ya que no queremos vernos como viejos, éstos espacios no son vistos como lugares de vida o como espacios de producción de la vida. Tercero las personas que sufren afecciones síquicas crónicas son estigmatizadas cotidianamente en la mas grande indiferencia, ya que viven confinadas en una paroxística soledad. Pensar sus espacios de vida en estrecha resonancia con sus singularidades existenciales, reclamaría un importante trabajo de sustracción de clichés que estereotipan la “locura”, clichés que son con frecuencia compartidos por los mismos profesionales de la salud. Para resquebrajar este autismo social existente, pero también esta parálisis reactiva y esta miopía rígida que nos somete, hay que parar de percibir nuestra existencia como aislada de su contexto, éste “yo escindido del cuerpo”, de la sensibilidad y de las sensaciones. El “yo”, el inconsciente o la subjetividad no caen del cielo, éstos son el producto de un contexto que evoluciona y se transforma. Ese contexto actúa sobre nosotrxs y nosotrxs actuamos sobre él. Podemos cuidar y embellecer ecológicamente ese contexto volviéndolo vivible y respirable. Pero también creyendo que hacemos lo mejor, podemos destruirlo, volverlo tóxico y patógeno, una fuente de enfermedades y de pandemia. El confinamiento, nos ha enseñado que podemos al mismo tiempo, morirnos de aburrimiento o soledad producto de privaciones materiales y afectivas, o vivirlo como una posibilidad, un acto fuerte de resistencia frente a la alienación mental y social que estas condiciones ha provocado. Frente al virus nadie tiene la repuesta final. En ese caso las mejores respuestas se encuentras en el “medio”. Acá se abre una oportunidad única, inédita, para que al interior de las restricciones de la “distanciación social”, se concretice una fina búsqueda de iniciativas, de descubrimiento de sus propias posibilidades, recursos y de creación. Esta búsqueda de desalienación social y mental puede ahora mismo, tomar una forma emancipatoria, concretizarse en una infinidad de gestos simples, de actos de resistencia y de logros cotidianos impensados, de modo que este esfuerzo de libertad pueda también tomar una forma colectiva.


[1] “Quien puede estar con los locos es forzosamente ‘progresista’, en la medida en que ha roto el contrato tradicional de sometimiento a lo que se llama la normalidad, es decir, la cantidad de normas que nos convierten –como solía decir Oury- en normopáticos” palabras del texto de Marie Depussé “Presentación. Félix Guattari: De Leros a la Borde” en: Guattari, Félix De Leros a La Borde. Practicas analíticas y prácticas sociales, ediciones Casus-Belli, Madrid, 2013

[2] Una primera versión en francés de este texto escrito por Miguel D. Norambuena circuló en el diario “le Courier” de Ginebra, el miércoles 27 de mayo de 2020. Esta traducción fue realizada por el autor y Paulina E. Varas.


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