Dos textos sobre fotografía y ciudad. Jorge Gronemeyer

15/04/2008

CIUDAD

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Uno de los íconos más relevantes de nuestra civilización es la ciudad, ésta se erige como el mejor representante de una cultura específica. Sobre la ciudad el urbanista español Jordi Borja escribe, “La ciudad nace del pensamiento, de la capacidad de imaginar un hábitat, no sólo una construcción para cobijarse, no sólo un templo o una fortaleza como manifestación de poder. Hacer ciudad es ordenar un espacio de relación, es construir lugares significantes de la vida común, la ciudad es pensar el futuro y luego actuar para realizarlo”, y concluye,…”Las ciudades son las ideas sobre las ciudades” (1).
Entonces, la ciudad no sólo es un ente aglomerador de población, sino que además representa un sistema de vida, que se fundamenta en el bien colectivo, en la necesidad de crear un sistema que pueda ser regulado, dirigido y ordenado es decir gobernado, para velar por la seguridad, la calidad de vida, la economía, el consumo y el intercambio de bienes, servicios ideas e información entre sus habitantes (ciudadanos)…, esta estructura es tan fundamental que de hecho la historia se ha construido desde las ciudades.

La sociedad contemporánea está marcada por el cambio, éste es un punto fundamentalmente constitutivo y cualitativo de nuestra sociedad, y por esto nuestras ciudades se encuentran en un continuo y asumido proceso de transformación. Con la sobremodernización cuyo punto máximo es la postindustrialización, – definida por su actividad de venta y uso de servicios, conocimientos, información y procedimientos -, estos cambios se han acelerado produciendo un “caos urbano”, que algunos asimilan alarmantemente como una muerte de la ciudad. Refiriéndose al estado de máxima sobremodernización que una ciudad puede lograr, ejemplificado por las ciudades de Nueva York, Tokio y Londres, entendidas éstas como “ciudades globales”, ciudades de la información, José Luís Pardo, escribe al respecto… “Digamos que la mundialización de la ciudad, en la medida en que destruye todas sus barreras y murallas, incluye un factor claramente urbanicida porque, después de todo, no sólo de espíritu vive el hombre: también tiene que tocar, oler y gustar, mientras no se encuentre la manera de residir en un domicilio de Internet”.

Por otro lado, el desmedido e incontrolable crecimiento de las ciudades y su sobrepoblación, han llevado a una expansión de la urbe tanto en sentido de edificación en vertical, como en su extensión horizontal. Este alarmante crecimiento conlleva la absorción de los pueblos adyacentes y del campo, esto, sumado a la especulación del terreno y la explosión inmobiliaria, nos sitúa en el actual escenario donde proliferan los barrios periféricos, la aparición de ciudades dormitorio y satélites y el fenómeno de la inhabitabilidad de los centros históricos, que han cambiado su histórica función residencial a favor de actividades comerciales, bursátiles, turísticas, de ocio, etc., en el intersticio de todos estos lugares encontramos además sitios cada vez más numerosos, difíciles de describir (aunque fáciles de enumerar), éstos son lugares de tránsito o de ocupación provisional, que el antropólogo social Marc Auge a definido como “no lugares”. (2)2.jpg
Estas características hacen que la definición de ciudad que Aristóteles plantea en la Política quede bastante lejana, ciudad era para él… “un perfecto y absoluto conjunto o comunión de muchos pueblos o calles en una unidad”. Si la ciudad es “el espacio hecho tiempo”, en ella reside gran parte de nuestra historia, de nuestra memoria y por lo tanto de nuestra identidad, y “Así como no hay comunidad sin memoria tampoco hay ciudad sin proyecto de futuro. Sin memoria y sin futuro la ciudad es un fantasma y una decadencia. La vida de la ciudad se manifiesta por medio del cambio, de la diferencia y del conflicto… no hay urbanismo sin conflicto” (3).

Justamente a través del conflicto, es decir de la tensión y la historia de la habitabilidad urbana, específica de cada ciudad y en términos generales como sistema, es donde podemos ir observando, indagando y descifrando signos que nos hablan en sentido muy amplio sobre el ser humano. Entendiendo el hábitat donde nos desenvolvemos, entendiendo a la ciudad, y los aspectos que esto implica, (sociales, económicos, culturales, tecnológicos, etc.), podemos entendernos a nosotros mismos, como género humano y como sociedad, ya que hemos creado este entorno a nuestra imagen y semejanza, a sido moldeado por nuestras necesidades, el tiempo y la historia.

Sólo en las imágenes fotográficas de las ciudades el tiempo se detiene, se perpetúa. En la continuidad del tiempo real los espacios están en permanente mutación, se transforman, se destruyen, y se vuelve a construir…, la ciudad esta viva, es un organismo, con ciclos, de desgaste y regeneramiento, de muerte y nacimiento… y las huellas de estos procesos son visibles, y estas huellas son el indicio de nuestra existencia… “De este modo, una vez más, las ciudades han demostrado su capacidad para sedimentar las diferentes capas de su historia, es decir, su función de palimpsesto, pergaminos que no cambian sino que acogen sucesivamente escritos distintos”. (4)

NOTAS

(1) Borja, Jordi. Renacimiento de las ciudades. Exit 17, CIUDADES. Pág. 128

(2) Auge, Marc. Los No Lugares. Espacios del Anonimato. Una Antropología de la Sobremodernidad. Editorial Gedisa, Barcelona, España, 1993.

(3) Borja, Jordi. Renacimiento de las ciudades. Exit 17, CIUDADES. Pág. 128

(4) Ascher, Francois. Los Nuevos Principios del Urbanismo. Pág 27

PROYECTO FOTOGRÁFICO URBE: 1) VALENCIA

Tras el asentamiento de griegos y cartagineses a orillas del río Tyris (Turia), y la segunda Guerra Púnica, los romanos fundaron en el año 138 a.C. la ciudad de Valentia (Valencia), actualmente la tercera ciudad en importancia demográfica y económica de España. Se pueden encontrar en su estructura urbana vestigios de las diversas ocupaciones que la ciudad ha tenido, éstas, conviven con el deterioro, la renovación urbana, las edificaciones históricas conservadas, las propuesta arquitectónicas y paisajísticas contemporáneas, con las zonas residenciales y las poblaciones periféricas, la especulación urbana del centro histórico, las zonas periféricas industriales y rurales, el puerto y las reservas de protección de la naturaleza…, en fin, Valencia presenta características y problemáticas que se repiten en diversos grados en prácticamente todas las ciudades del mundo. Se trata de una ciudad con un variado y particular paisaje, que se manifiesta como un ejemplo didáctico o ejemplificador de las complejas características y desarrollo de una urbe contemporánea.

El paisaje, era un asunto pendiente en mi obra, significaba continuar con el recorrido y revisión de los géneros artísticos que caracteriza a mi trabajo. El asunto me complicaba en alguna medida ya que me apartaba del controlado espacio de mi estudio, y me involucraba con aspectos como las condicionantes propias de la luz natural y los cambios climatológicos.
Hace ya casi diez años que resido en Valparaíso, ciudad puerto y capital cultural de Chile, ubicada en la costa de la zona central. Valparaíso presenta un particular paisaje y una gran problemática urbanística debido a, entre otros muchos factores, su extravagante geografía y a su condición de puerto. Esta problemática además es agudizada por “asuntos” heredados a la actual administración municipal y sobretodo puesta en tapete y revisión por la proclamación en el año 2003 del casco antiguo de esta ciudad como patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Este hecho, que se presupone como beneficioso y positivo, también acarrea una serie de problemas y vicios, como la especulación del terreno y habitacional. En los últimos años el valor de alquiler y venta de inmuebles ha subido en las zonas patrimoniales hasta las nubes.
Había pensado iniciar el trabajo de paisaje en esta ciudad, pero al llegar a Valencia (debido a mis estudios de Master en el año 2006), reconocí los signos de deterioro y problemáticas que ya había visto en Valparaíso, era un tema familiar, por lo que se presentó como una situación propicia e ideal para comenzar a trabajar en torno al concepto de paisaje, ciudad, arquitectura, ruina, urbanismo, identidad, memoria, etc.

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El proyecto comenzó con una serie de decisiones, que debían dar como resultado la configuración de un cuerpo de obra. Se trataba de delimitaciones formales y conceptuales que a través de un ejercicio a base de una serie de acotaciones, negaciones y afirmaciones debían configurar una estructura y una propuesta sistemática de trabajo.

En términos generales, decidí trabajar con el conflicto de la urbe, con sus tensiones, con el contraste de las situaciones dentro de la ciudad…, con la herida, con el abandono, en definitiva con la ruina. Esto eran los puntos que ya habían llamado mi atención en Valparaíso y que ahora veía en Valencia. El tipo de ruina específica que me interesó fotografiar no eran las de edificios históricos o con alguna particular importancia, inmuebles residenciales, que en general no parecieran presentar gran notoriedad, no son exactamente indispensables en términos arquitectónicos, estéticos, históricos, el mayor valor que en apariencia podrían tener es el de despertar nostalgia en quien alguna vez vivió allí, más que una ruina se podría decir que queda en situación de espacio residual urbano, un espacio indeciso, desprovisto de función, en este sentido podríamos hablar de un “tercer paisaje”, ya que no expresa ni poder ni sumisión al poder, está a la deriva, es como un fantasma en la ciudad, que nos da cuenta con su desdibujada presencia de un pasado no muy lejano…, es sólo un paréntesis en el paisaje urbano.

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Ya tenía el sujeto – la ruina – pero el campo de acción debía ser más delimitado, ya que en Valencia las ruinas abundan y mi intención no era hacer un catastro de éstas. Por lo que centré mi interés específicamente en las ruinas que se hallan en el centro histórico de la ciudad, en los barrios antiguos, de más tradición, ya que ahí se encuentran los puntos neurálgicos de la esencia histórica de la ciudad, la referencia al pasado está presente en su estructura y arquitectura, de esta manera los signos de la historia son evidentes, así como también se hace patente el vulnerable y amenazado patrimonio histórico e identidad…, identidad que en las periferias, zonas industriales y comerciales prácticamente desaparece en la homogenización del paisaje, donde proliferan los estandarizados galpones de una seudo arquitectura utilitaria.

El siguiente límite y característica impuesta en la serie principal de Urbe 1: Valencia, fue que registraría frontalmente las fachadas de casas y edificios contiguos, es decir que una de las paredes es común a ambas construcciones. Una de estas edificaciones tenía que estar renovada o recientemente construida, es decir en perfecto estado, totalmente habitable, la otra fachada debía estar en estado de ruina, de infravivienda. Comparten así el encuadre dos fachadas bien diferenciadas, coexisten dos estados, dos tiempos, dos usos, dos finalidades, que nos hablan del inexorable paso del tiempo, del deterioro, del abandono, de la negligencia, de la degradación, de la especulación. Las dos fachadas se relacionan estrechamente, y se potencian por contraste. El paso del tiempo y su efecto están presentes en un mismo espacio, determinado y enfatizado por el recuadro fotográfico, recortado del espacio-tiempo continuo y registrado en la discontinuidad del espacio fotográfico. En el mundo real, la ruina seguirá su lenta degradación en el tiempo, el edificio nuevo o el renovado tendrá su tiempo de esplendor, decadencia y seguirá su natural curso al desgaste y la decadencia. En el mundo de las imágenes, en la fotografía, el tiempo se ha detenido, se ha convertido en un documento en testimonio, en el preciso momento en que el paisaje fue interrumpido por la acción del obturador, es el “ha sido” barthesiano, así la imagen no hace más que recordarnos nuestra propia y precaria condición de mortales.

El registro fotográfico ha sido realizado en días nublados. A parte de la problemática de carácter climatológica, el hecho de que en Valencia son escasos esos días, esta decisión tiene una importante razón ya que delimita y unifica el trabajo, para así poder hablar de serie y de un ejercicio de “anatomías comparadas”.
Las imágenes tenían que ser lo más descriptivas y neutras posible, la información que contienen tenían que representar detallada y fielmente a su referente. La proyección de sombras, y el aumento del contraste general, impone por un lado una estética que se escapa a la neutralidad que yo buscaba, introduciendo “ruido” en mis fotografías, información que no deseaba y por otro lado, al usar diapositiva color, implicaba la perdida de información en las sombras, debido al reducido rango dinámico de este material. La luz no debía exagerar el contraste ni las texturas, el cielo debía funcionar como un telón de fondo, totalmente neutro, sin la aparición de esas expresivas nubes. La imagen debía ser tan sobria, neutra y calma como la técnica que utilizaba para hacerlas.

Todas las fotografías fueron realizadas con una cámara de gran formato descentrable. Esto también es de importancia en el trabajo. Por un lado mi referente de fotografía aplicada específica era la fotografía arquitectónica y en general la fotografía utilitaria científica. La cámara de gran formato (4×5 pulgadas), era una solución de compromiso, entre el formato más grande que podía ocupar con facilidad en terreno, y el gran detalle, definición y posibilidades de ampliación que este formato posee. El hecho de que esta cámara fuese descentrable, también es un punto importante, ya que por ningún motivo la perspectiva de las edificaciones que registré tenían que presentar distorsiones de perspectiva. Las fotografías de la “Serie Principal” debían regirse por un riguroso y analítico punto de vista frontal, y todas las fotografías debían estar libres de aberraciones ópticas, desenfoques, y de convergencia de las verticales. Las vistas tenían que ser lo más asépticas y “sencillas” posibles, con la menor cantidad de elementos que distrajeran la atención – ya en los muros existía todo un mundo de información -, el encuadre cerrado permite concentrarse en dichos muros y en la historia que éstos cuentan.
En la estructura del trabajo, además de la “Serie Principal”, caracterizada por las fachadas frontales, realicé lo que denomino “Serie de Contexto”, que básicamente está constituida por vistas panorámicas. La intención, como el nombre lo especifica, es mostrar el contexto, el entorno general del lugar en que trabajé. En estas tomas se ve como coexisten las ruinas y los vestigios arquitectónicos con las nuevas construcciones o la renovación urbana. Estas últimas cobran, por contraste, una apariencia de perfectas maquetas, que en algunos casos llegan a tener una gran uniformidad de estilo, esto acentuado aún más por el uso de los colores “de moda”, de este modo se hacen indistinguibles, podría tratarse de cualquier centro histórico de cualquier ciudad del mundo…, pareciera ser que el concepto de renovación urbana, que normalmente relacionamos con el rescate, protección y conservación del patrimonio, sólo sea o haya derivado en una estrategia más de la globalización que convierte estos espacios de identidad en un bien de consumo rentable por su uniformidad, representando así a un estilo internacionalmente aceptado.
La tercera y última serie de fotografías es la “Serie de Complemento”, corresponde a algunas fotografías que realicé en el transcurso del proyecto, que no responden a ninguna estructura o idea prefijada, son más bien apuntes libres, ejercicios de visión y registro, vistas de diversos paisajes urbanos que por alguna razón en alguna medida me interesaron, y que con el tiempo, en conjunto con los registros de otras ciudades, podrían configurar series específicas. Por esta razón considero esta serie como un proceso. Para el actual proyecto sólo tiene interés como referencia de estrategia de trabajo, es decir actualmente no la considero obra, sino parte de la construcción de un archivo.

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Definitivamente y en resumen, lo que con Urbe intento, es, a través del medio fotográfico, reflexionar sobre las características que definen a una ciudad como un ente particular, evidenciando las peculiaridades, contradicciones, tensiones, virtudes y problemáticas que la ciudad presenta en diversos términos, desde la estructura territorial, arquitectura e historia, hasta los aspectos sociales, económicos y ambientales, es decir ampliamente de su habitabilidad.

Jorge Gronemeyer

Licenciado en Arte de la Universidad de Playa Ancha, Artista visual especializado en fotografía,

Master en Fotografía, Arte y Técnica. Universidad Politécnica de Valencia, España.

Docente de las Universidades UNIACC, Valparaíso, ARCIS e instituto ARCOS Viña del Mar.

Ha realizado innumerables exposiciones, participando de curatorías tanto nacional como internacional.


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